
La madrugada de Buenos Aires – Capítulo 2
Renzo caminó alerta, a la espera de algún ladrón que quisiera apoderarse de la billetera ajena. Sólo había gente durmiendo en la calle, cada cien, doscientos metros, y algún drogón gritando o peleando con sus fantasmas.
Muy pocos autos. Con cierta satisfacción que hacía tiempo no sentía, caminó a paso vivo hasta su departamento. Cruzó Callao, giró por Montevideo, hasta pasar por delante de la iglesia que mira a la Plaza Vicente López, la Iglesia Corazón Eucarístico de Jesús.
Es un edificio hermoso, y a la vez raro en Buenos Aires. Con la planta baja en estuco blanco, académico, con escalones de mármol. Cuando uno sube la vista, la fachada cambia. Da un giro aventurero. Con su ladrillo a la vista y sus ornamentos en blanco. A Renzo se le antojaba bella.
A esa hora estaba cerrada. Unos seis mendigos se cobijaban en la vereda, a la espera, probablemente, del desayuno que les daban las monjas. Uno de ellos no dormía y le salió al cruce. Le pidió dinero. Renzo se sentía feliz con el universo, luego de una noche de satisfacciones y eso lo puso generoso.

Le dio un billete de gran denominación al pobre cristo que supo estar en el lugar indicado en el momento correcto. El pordiosero, al ver el monto con el que fue agraciado, se alejó rápidamente. Tal vez temía que el dador se arrepintiera.
Cruzó, rodeó la plaza y llegó.
Desde la esquina vio su edificio y un auto parado en la puerta. Gritos. Apuró el paso.

